La huella de carbono en la construcción

La huella de carbono en la construcción
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Todo tiene una huella de carbono. Partiendo de nosotros mismos como individuos, hasta los animales, los productos o servicios e, incluso, las construcciones ya sean viviendas o edificios.

Todos emitimos de forma directa o indirecta a lo largo de nuestra vida, con nuestra presencia y actividad, una cantidad de gases de efecto invernadero determinada.

Esta cifra se puede medir y, por tanto, reducir.

De hecho, en España existe desde 2014 el Registro Público de huella de Carbono, gestionado por la Oficina Española del Cambio Climático.

Se trata de un registro voluntario y sin coste que está dirigido a pequeñas y medianas empresas para que puedan medir su huella ambiental.

A través de la obtención de un sistema de sellos se puede medir cuál es para posteriormente ejecutar planes para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de estas empresas.

Al igual que las empresas, las construcciones tienen también un impacto ambiental y una huella de carbono que se puede calcular.

Pero, ¿cómo se realiza esta medición?

huella ambiental

¿Cómo se calcula la huella de carbono en la construcción?

Conocer la huella de carbono de un edificio es importante porque nos permite conocer el nivel de emisiones de dióxido de carbono que tiene una edificación,

tanto de viviendas como de edificios de todo tipo, para posteriormente poder mejorar su sostenibilidad y eficiencia energética,

reduciendo precisamente esa cifra.

Se trata, en definitiva, de ver a lo largo de todo su ciclo de vida cuánta cantidad de gases de efecto invernadero produce una construcción.

Para medir esta cifra normalmente se analizan las cuatro fases que intervienen en la construcción de un edificio:

La primera fase sería aquella relativa a las materia primas: tanto del modo de obtención de las mismas como de su procedencia y transporte.

Para conseguir unos niveles bajos de emisiones de gases de efecto invernadero es aconsejable la utilización de materiales sostenibles y ecológicos.
La segunda fase corresponde al proceso de construcción de la edificación. En este sentido, aquí se incluyen varias cuestiones.

Desde el medio transporte de los materiales desde el lugar de fabricación hasta donde finalmente se construirá

el edificio o el tipo de energía que requiere la maquinaria utilizada, o el consumo de agua necesario para hacerlo,

incluyendo el propio proceso de obtención, la potabilización y la distribución del agua.

carbono

También se tiene en cuenta la producción de desechos y su posterior reciclaje o incluso el uso del suelo.
En una tercera fase lo que se analiza es el uso del propio edificio de recursos como el consumo de agua potable,

de energía, la generación de residuos sólidos y también de aguas residuales y también del mantenimiento que requieren estas acciones.

Incluso de cómo este edificio se integra en el paisaje.

En este sentido el uso de energías renovables aplicando además sistemas eficientes de uso de la energía puede reducir y mejorar la huella de carbono.
La cuarta fase y última etapa tiene que ver con el fin de uso del edificio.

Es decir, de los procedimientos implicados en la propia demolición de edificio.

Sobre todo cuánta energía se necesitará en este proceso y los desechos que generará.

También se tiene en cuenta qué se hará con esos desechos, si se podrán reciclar o no en su totalidad los materiales que se utilizaron para edificar.

Es importante que sea así, porque de nada serviría que un edificio fuera sostenible en su uso pero luego no se pudieran reciclar los materiales con que estuviera hecho.

Además de en el proceso constructivo la huella de carbono de un edificio se puede medir a posteriori, es decir,

cuando ya está en plena actividad para poder medir su impacto ambiental y poder desarrollar medidas concretas para reducirlo.

En este sentido se incluyen varias metodologías que se pueden seguir para hacerlo.

metodologia emma

La metodología EMMA

La metodología EMMA (Environmental Management Solution) es una de ellas. Fue desarrollada por Knowledge Global en Australia.

Se trata de un procesos automatizado de obtención de datos que registran previsiones sobre el uso de electricidad,

calidad del aire y producción de residuos de un edificio.

Además los resultado se mantienen a la vista de los habitantes del edificio para que ellos sean conscientes del resultado,

alertando a sus moradores del impacto del edificio sobre el medio ambiente.

 

La metodología RICS

La metodología RICS centra sus esfuerzos en los niveles de carbono embebidos,

que son aquellos intrínsecos a los primera y segunda fase constructiva del edificio, es decir antes de que el edificio esté funcionamiento.

Es importante tener en cuenta los niveles de emisión de gases de efecto invernadero en estas fases,

además de en la de demolición porque estas acciones también tienen un grave impacto ambiental y nos permite entender el modelo constructivo como un todo.

En cualquiera de los casos las certificaciones de calidad BREEAM, LEED, WELL O PASSIVHAUS tienen en cuenta estas cuestiones puesto que precisamente buscan de forma conjunta tanto la eficiencia energética de un edificio o vivienda como la guarda y respeto por el medio ambiente.

huella neutra de carbono

¿Qué es la huella de carbono neutra?

Como ya hemos podido explicar todo tiene una huella de carbono, incluidos los edificios.

Sin embargo, además de medir e intentar reducir al máximo esta cifra con diferentes medidas siempre se provocará algo de impacto.

Cuando hablamos de conseguir una huella de carbono neutra nos referimos a que, además de estas medidas,

se puede contrarrestar nuestra emisión de gases de efecto invernadero realizando acciones en favor del medio ambiente para compensar.

Se trata de apoyar, por ejemplo, proyectos de energía renovable que ayuden a reducir el impacto de futuras emisiones

de dióxido de carbono o la plantación de árboles a gran escala.

Esto equivaldría a igualar la cantidad de emisiones nocivas con el mismo número de elementos que las contrarresten.

reduccion de emisiones

¿Cómo reducir la huella de carbono de un edificio?

Como ya hemos dicho en otras ocasiones la rehabilitación energética de los edificios es una de las medidas más eficaces para reducir su huella de carbono.

En este sentido habrá que prestar especial atención a los materiales utilizados en su construcción pero también en las futuras reformas que se hagan.

Esto cobra especial importancia en las acciones acometidas en el aislamiento térmico del edificio afectando tanto a la envolvente como a los cerramientos de ventanas y puertas.

Por ejemplo, a través de la utilización de materiales SATE que promueven la eliminación de puentes térmicos,

reducen el riesgo de condensaciones y son impermeables al agua de lluvia y al vapor de agua.

O mejorando el confort interior a través de filtros de aire de alta eficiencia mejoran la calidad del aire a través de la filtración de tóxicos

favoreciendo la buena salud respiratoria de los habitantes. Por otro lado, mantienen la temperatura y la humedad a niveles estables.

Otro gran punto a tener en cuenta es la eficiencia en el uso de la energía,

sobre todo en la climatización que puede administrarse a través de la instalación de dispositivos de medición y análisis

de consumo además de introducir elementos domóticos SMART Home que ayudan a su control.

Otra buena medida es la colocación paneles solares que aportaría energía de origen renovable reduciendo en gran medida

la huella de carbono del conjunto del edificio, además de suponer un gran ahorro económico en el gasto eléctrico proveniente de la red eléctrica general.

beneficios huella carbono positiva

Beneficios de reducir la huella de carbono de un edificio

Además de los indudables beneficios que podrá tener sobre el medio ambiente, la calidad del aire y la salud,

tener bien identificado y medido el impacto ambiental de un edificio sirve para desarrollar nuevas metodologías de trabajo en la construcción.

Identificar correctamente las fuentes de emisiones de una construcción en todo su proceso productivo permite definir

mejor los objetivos y las medidas a implementar para reducir esos niveles además de buscar alternativas más sostenibles,

tanto de innovación de materiales como de técnicas constructivas cuyo impacto sea cada vez menor.

Por otro lado, permite reforzar aquellas acciones que trabajan en favor del medio ambiente y la salud incrementando la cadena de valor de sus proveedores.

Por último, pero no por ello menos importante, el compromiso ambiental de las empresas constructoras

generan lazos de confianza con los consumidores a través de un ejercicio de transparencia evidenciando

una clara concienciación sobre el impacto de las emisiones de dióxido de carbono tanto de los materiales

como de las técnicas utilizadas en todo el proceso constructivo de un edificio.

 

Agradecemos la aportación de información y verificación de datos en este post a:

CLIO BERUETE
Periodista especializada en temas medioambientales y sostenibilidad constructiva

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